Padre y madre, a vosotros encomiendo a la pequeña Erotión, que va descendiendo, niña aún, entre sombras, a suplicar al can del hco y al barquero del lugar.
Seis hielos invernales conoció, mas seis días de los seis años le faltó. Irá, juguetona, a morar en aquel sitio donde los viejos sabios guardan su rito; balbuceando, como solía, de dónde es, y acaso nombrándome al revés.
Sobre estos huesos frágiles, por piedad, poned un césped tierno; y a la edad de la que corría alegre y liviana en vuestro pecho —¡sé tú leve, tierra hermana!