Si he flaqueado más o menos en mi gran tarea de la dicha; si he andado entre mi raza y no he mostrado un rostro de gloriosa aurora; si los rayos de felices ojos humanos no me han conmovido; si los cielos matutinos, los libros, y mi alimento, y la lluvia de verano han llamado a mi arisco corazón en vano:—
Señor, tómate tu placer más agudo y clava mi espíritu para despertarlo del todo; o, Señor, si yo fuera demasiado obstinado, elige tú, antes de que ese espíritu muera, un dolor penetrante, un pecado mortal, ¡y clávalos hondo en mi corazón muerto!