Fuerte y bajo en la chimenea suspiran los turbiones; luego, como una respuesta, mengua y brilla el fuego, y la estancia se enciende y oscurece al ritmo de un soplo retenido.
Cerca de la sonante chimenea el joven, apartado, escucha con color cambiante y corazón saltando, y oye en el rizo de la tempestad la voz del amor y de la muerte.
El amor, alto en las notas tiernas y flautadas, suena como en prados de abril y chozas de colina; pero el viento del bosque profundo en la chimenea pronuncia el lema de la muerte.