Como cuando la caza en bosquecendro y prado prosigue con cuerno y lid, el hambre de cosas sin esperanza persigue nuestras almas por la vida.
El rugido del mar nos llena adoloridos De un deseo sin objeto— El rugido del mar, y el claro de luna blanco, Y el enrojecimiento del fuego.
¿Quién me habla de razón ahora?
Mayor deleite sería haber muerto en los brazos de Cleopatra que estar con vida este día.