El mar insondable, y el tiempo, y las lágrimas, Las hazañas de héroes y los crímenes de reyes Nos separan; y el río de los acontecimientos Ha llevado, por espacio de una era, hacia el este y el oeste Más lejos nuestras cunas. Tú para mí Eres extraña, como cuando los marineros al alba Atisban una tierra lejana y no saben cuál es.
Así me acerco incierto; así navego En torno a tu misteriosa isleta, y diviso Oleaje y grandes montañas y ruidosas barras de río, Y desde la orilla oigo voces del interior que llaman.
Extraño es el corazón del marinero; espera, teme; Se acerca y se aleja en amplios giros de esa costa; Por fin, repara su vela desgarrada, y hacia alta mar Su destrozada proa regresa inconsolable.
Aun así, al marchar medita al timón De esa brillante isla; donde temió tocar, Su espíritu se reaventura; y durante años, Donde junto a su esposa duerme a salvo en casa, Pensamientos de esa tierra lo visitan; ve Las montañas eternas que lo llaman, y se despierta Anhelando ese hogar lejano que pudo haber sido.