Antes de que este pequeño regalo llegara el pequeño dueño se había dado prisa por volver a casa; y desde la puerta del lugar donde habitan los eternos, miró atrás a las cosas humanas y sonrió despidiéndose.
¡Oh, que este dolor siga siendo el único! ¡Oh, que nuestra casa sea siempre una guarnición de niños sonrientes, y para siempre se escuche el son de piebecitos a lo largo del suelo!