Yo que todo el invierno en vela por amores ajenos suspiré con cautela, y llevé prudencia canosa a lecho y banco de iglesia; ahora sé lo falso y lo cierto, pues brilla el sol sincero y despierto, y mi viejo amor viene a mi encuentro en el alba y el rocío.
Ya los prados cercados renuevan olor rústico, sonrisa y faz, y el aire puro brilla y tintinea al rodar el mundo en paz; y mi corazón de nuevo se eleva, brillante, confiado y veraz, y mi antiguo amor sale a mi encuentro en el alba y en la faz.