Aquí en la tarde quieta Mis ojos con gratitud reciben La luz serena.
Veo los árboles alzarse bellos Contra el aire descolorido, Y estrella a estrella preparar La noche perfecta.
Y en mi pecho, ¡he aquí!
El contento y la calma crecen Hacia la paz perfecta.
Y ahora al concluir el día, Breve día de viento y sol, Las puras estrellas, una a una, Su tropa aumentan.
Agudo placer y agudo dolor dan paso a un gran alivio: ¡Adiós, lágrimas mías!
Aún flotan sonidos hacia mí; oigo la pequeña nota del ave, ovejas del lejano redil, y mugidos de bueyes.
¡Pues ved! la guerra acabó, Ved, la batalla venció, Calla el clarín.
La frágil voz del pastor, Y el campo cobra vigor, Despierta en torno y verdor, Collado y fin.
Cesan las rudas guerras y los rudos amores. Doy la bienvenida a mi liberación; Y saludo una vez más El pie libre y el camino de rancio abolengo mundial.
Y a menudo al atardecer Un amor ligero para conversar junto A la puerta del mesón.