He aquí que, en tu verde recinto,
no dejes que aparezca lo feo ni lo viejo, divino Príapo; sino que, con paso saltarín, el escolar, y la dorada cabeza de la esbelta potranca de doce años —
¡que se atrevan estos a entrar y a robar!
He aquí que, en tu verde recinto,
no dejes que aparezca lo feo ni lo viejo, divino Príapo; sino que, con paso saltarín, el escolar, y la dorada cabeza de la esbelta potranca de doce años —
¡que se atrevan estos a entrar y a robar!