Más allá de tus puertas me diste un campo a cultivar; yo tengo uno más grande en el alféizar de mi ventana.
¿Una granja, dices? ¿Es esto una granja para ti, donde por todo bosque tengo una mata de ruda, y tan marchita y tan pequeña, que una cigarra estridente la oculta con un ala; donde un solo pepino cubre toda la llanura; y donde una serpiente se enrosca en vano para entrar por completo; y un solo caracol se lo come todo y sale ayuno hacia el estanque?
Aquí mi jardinero será el topo polvoriento. Mi único labrador el… topo.
Aquí esperaré en vano hasta que cuajen los higos, y hasta que la primavera descubra la violeta. Por todos mis parajes corre un ratón indómito, y en ese estrecho confíneo parece tan enorme como el león merodeador de Argel, tan enorme como el jabalí fabuloso de Calidón.
Y todo mi heno es comprimido de un solo golpe por una golondrina de vuelo bajo para su nido. Despoja al dios Príapo de cada atributo: aquí apenas encuentra un pedestal donde apoyar los pies. La cosecha recogida apenas colma una cuchara; y toda mi vendimia gotea en un capullo.
Generoso eres tú, pero yo aún más generoso: ¡recoge tu granja y ¡invítame a medio trago!