(Un fragmento)
Mucho habrá de pasar antes de que vuelvas a ver el verde bosque enmarcando la entrada del sendero— el sendero silvestre con la zarza y el rosal, las huellas de carretas de un año perfectas en el fango, el humo de la vera, tal vez, las chozas enanas, y el burro del caminante bebiendo de los surcos:—
Mucho antes de que traces cuán sinuoso conduce, lejos de las chimeneas del hombre y de los prados baladores, hacia la sombra del bosque, hacia el silencio silvano, donde solo el arroyuelo parlotea en la espesura—
lejos del sol y el bullicio del valle hasta donde la gran voz del ruiseñor llena todo el bosque como a una sola habitación, y todas las riberas huelen a retama dorada; así vaga hasta que la tarde desciende, y al volver con tus amigos junto al fuego, ves el sol rosado, despojado de luz, colgado, atrapado en los matorrales, como la cometa de un muchacho.
He aquí que del mar surgirá el sol estéril, bañará la cubierta desuda y cegará los ojos desprotegidos; las horas asignadas girarán en vano en lo alto y se sumergirán de nuevo en el océano infecundo. Asalto de turbonadas que se mofan de la atenta guardia y arrancan de la verga la lona que estalla, y el clamor insensato de la calma, por la noche, habrá de turbar vuestro sueño. A la luz titilante, en el camarote de salvajes bandazos, guarida de escarabajos, de lo más ajena a una mujer, hora tras hora. …
Goleta Equator .