Cruzando los lotes, un pecado sin perdón, Rompiendo las ramas y rastreando abajo, Saliendo por la brecha en la pared del jardín, Abajo por las orillas del río, nos vamos.
Aquí está el molino con el zumbido del trueno, Aquí está el azud con la maravilla de la espuma, Aquí está la esclusa con la corriente corriendo por debajo— ¡Lugares maravillosos, aunque cerca de casa!
Los sonidos del pueblo se callan más y más, Más callada la nota de las aves en el monte; Polvorientos y opacos son los ojos del molinero, Sordos están sus oídos con el trajín del molino.
Pasen los años, y gire en el río la rueda que gira por hoy y por ti, rueda y haz ruido rugiendo y vaciado, cuando los chicos ya estén por ahí.
De vuelta de las Indias, y de vuelta del océano, Héroes y soldados todos volveremos a casa; Aún encontraremos la vieja rueda del molino en marcha, Girando y batiendo ese río hasta convertirlo en espuma.
Tú con el haba que di en la porfía, Yo con tu canica de un sábado atrás, Viejos y honrados y ufanos de día, Hoy nos reuniremos y habrá que recordar.