Este día de nuestra adversidad era la bendita mañana de Navidad, Y la casa sobre el puesto de los guardacostas era la casa donde nací.
¡Ay, bien vi el cuarto ameno y el rostro alegre allí, los anteojos de plata de mi madre vi por mí; y bien vi la lumbre, cual tropa de elfos del hogar, bailando en torno a la loza que en la alacena ha de estar.
Y bien conocía la charla que tenían, la charla que era sobre mí, de la sombra en el hogar y el hijo que se hizo a la mar; ¡Y oh, qué necio perverso parecía, de todas las maneras posibles, por estar aquí arrastrando cabos congelados en el bendito Día de Navidad.
Encendieron la luz de alta mar, y la oscuridad comenzó a caer.
«Todos a soltar las gavia», oí gritar al capitán. «Por Dios, no lo resistirá jamás», exclamó nuestro primer oficial, Jackson. … «Es de una u otra manera, señor Jackson», replicó él.
Vacilante enderezó su rumbo, pero las nuevas y buenas velas lucían, y el barco contra el viento olía como si todo lo entendiera, al tiempo que el día invernal terminaba, en la entrada de la noche, dejamos atrás el cansado cabo y pasamos bajo el faro.
Y dieron un profundo suspiro, cada alma a bordo excepto yo, Al ver de nuevo su proa apuntando hermosa mar adentro; Pero en lo único que podía pensar, en la oscuridad y el frío, Era simplemente en que dejaba el hogar y los míos envejecían.