A diferencia del común de los hombres, ostento un doble poder para complagir, y manejo el Buril y la Pluma con igual aptitud y soltura.
Me muevo con esa ilustre tripulación, los Reyes ambidextros del Arte; y cada cosa mortal que hago trae dinero sonante al mercado.
De ahí que la hora matutina, el prado, el bosque y el arroyo me perciban vagando según las musas guían, o regresando al atardecer.
Dos musas como dos tías solteronas, la musa del grabado y la del canto, siguen, por todos mis lugares favoritos, mis sinuosos rastros en el rocío.
Para guiarme y alentarme, cada una asiste; cada una acelera mi rápida tarea; una presta su ardor a mis grabados, otra exhala su magia en mi canto.