Desde hace años, para siempre, mi nave de cedro llevé a la orilla; y al camino y al lecho del río y a las verdes y oscilantes cañas, les dije mi ignorante y postrer adiós:
Ahora con contento vivo en casa, y ahora divido mi perezosa vida entre mis versos y mi esposa:
En vano; pues cuando la lámpara está encendida y junto al alegre fuego me siento, aún con el atlas ajado desplegado recorro caminos interminables.