mientras, en la torre blanca alzada en lo alto, con luz amarilla en el vidrio descolorido las lentes circulares destellan y pasan, y brillan enfermizas contra el cielo.
1869.
II
Mientras los firmes lentes giran Con un gélido brillo de vidrio; Y la clara campana tañe, Y el aceite rebosa el borde del quemador, Tranquilo y quieto en su escritorio, El solitario torrero Mantiene su vigilia.
Atraída desde lejos, la desconcertada gaviota golpea sordamente contra el faro; mas él no se mueve, no levanta la cabeza del escritorio donde lee, no alza los ojos para ver el gélido y ciego círculo de la noche observándolo a través de los cristales.
Este es el guardián de su patria, el más remoto centinela de la paz.
Este es el hombre que renuncia a todo lo hermoso de la vida por los medios para vivirla.
La poesía encubre con maña la vida del farero, suspendido en lo alto de la negrura en el núcleo ardiente de la noche.
El marino lo ve y lo bendice; el Poeta, sumido en un soneto, cuenta sus dedos manchados de tinta para alabarlo como es debido:
Solo nosotros lo contemplamos, sentado, paciente y estólido, mártir de un sueldo.
1870.