Aunque una profunda indiferencia adormezca la perezosa vida bajo mis sienes, y todas las cosas externas que veo se vuelvan chubascos de nieve en la calle para mí, aún en lo más hondo de mi sentido tempestuoso tu mirada será una influencia.
Aunque otros amores vengan y vayan y largos años nos separen aquí abajo, ¿helará la delgada capa de hielo que se forma arriba el hondo manantial del amor? No, todavía bajo los amores ligeros, tú me dominarás como me domina ahora.
Año tras año habrá de poner nuevas joyas en tu diadema; y el Tiempo, vuelto amante, ha de gozar embelleciéndote ante mi mirada; y reinarás por siempre en mí coronada con la luz de la memoria.