Vi la tarde roja a través de la lluvia Descender sobre la llanura humeante; Oí la hora dar, pequeña y silenciosa, Desde el campanario negro en la colina.
El pensamiento es expulsado esta noche Por amargo recuerdo del deleite; La aguda opresión de las yemas de los dedos, O el estremecido roce de unos labios.
Oí la hora latir, sutil y fría, desde el negro campanario de la sombría colina. A mis espaldas aún podía mirar abajo a la monstruosa ciudad extendida.
La aguda presión de las yemas, O el tembloroso roce de unos labios, Y todos los viejos recuerdos del deleite Se agolpan en mi alma esta noche.
Tras de mí aún podía mirar Hacia la ciudad febril y extendida; Pero ante mí, quieto y gris, Y solitario era el camino por delante.