CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 178 de 480
Table of Contents

II

Mas eran los enemigos de su clan, y reprimió la piedad, y vino, y saludó con cortesía al rey, y suplicó gravemente a Rahéro; y para cuantos sabían luchar o cantar, y reclamaban un nombre en la tierra, tenía frases de elogio adecuadas: mas con todos los de noble alcurnia habló de los días antiguos.

Y «Es verdad —dijo—, que en Paea la comida se pudre en el suelo; mas, amigos, vuestro número es grande; y hay que cazar y hallar cerdos, y los muchachos deben marchar a las montañas para bajar el féis, y alrededor de los cuencos de kava se agrupan las doncellas del pueblo. Así pues, por esta noche, dormid aquí; mas rey, plebeyo y sacerdote mañana, en el orden debido, se sentarán conmigo en el banquete».

Desvelados toda la noche larga, los seguidores de Hiopa trabajaron. Los cerdos chillaron y fueron sacrificados; los maderos de la casa de huéspedes, acejados, las hojas esparcidas por el suelo. En muchos barrancos montañosos la luna dibujaba sombras de árboles sobre los cuerpos desnudos de los hombres que arrancaban y acarreaban frutos; y en todos los confines del pueblo rojos brillaban los fuegos de coco, y fueron sepultados y pisoteados.

Así trabajaron siete de los yottowas con su cuenta del clan, mas el octavo laboró con sus muchachos, oculto a la vista del hombre. En lo más hondo de los bosques trabajaban, amontonando alto el combustible en haces, la carga de un hombre, combustible curado y seco, sediento de apoderarse del fuego y propenso a estallar en llama.

Y llegó el día del banquete. Los bosques, al alba,

Se mecían al viento y las cumbres temblaban bajo el fulgor del día— Y los cocos llovían sobre el suelo, rebotando y rodando en la vía: Una mañana gloriosa para un banquete, un viento famoso para una hoguera.

178