Mirad los niños del grabado ¡cómo al libro se lanzan por ver qué se ha hallado! ¡Oh, cual estos bellos infantes, podáis también este tomo asir y aplicar!
Y mientras vuestro ojo en los grabados con ardor inocente se abre y se cierra, Lector, que vuestra mente inmortal a sus sabias lecciones no sea ciega.