Cuando Tomás puso esta lápida aquí, el Tiempo se rio del vano gallito; y antes de que el musgo oscureciera la piedra, el Tiempo ya había deshecho esa guarnición.
Ahora a mi vez hago guardia y ronda en mi casa roja, en mi patio amurallado de girasoles, sentado aquí a mis anchas con amigos y mis brillantes lienzos.
Pero oíd, y podréis escuchar con toda claridad la risa sofocada del Tiempo en el callejón.