De modo que esperó, escuchando un instante más el diapasón que había golpeado contra una estrella. Luego la besó. Al contacto de sus labios, ella floreció para él como una flor y la encarnación se
A través de todo lo que decía, incluso a través de su espantosa sentimentalidad, me vino a la memoria algo: un ritmo esquivo, un fragmento de palabras perdidas, que había escuchado en alguna parte hacía mucho tiempo. Por un momento, una frase intentó tomar forma en mi boca y mis labios se entreabrieron como los de un mudo, como si sobre ellos forcejeara algo más que una brizna de aire sobresaltado. Pero no emitieron ningún sonido, y aquello que casi había recordado quedó incomunicable para siempre.