a un hombre» de la otra muchacha, y tuvo el efecto de estimular mi curiosidad. Habría aceptado sin rechistar la noticia de que Gatsby había surgido de los pantanos de Luisiana o del Lower East Side de Nueva York. Eso era comprensible. Pero los jóvenes no —al menos, en mi provincial inexperiencia yo creía que no— aparecían con total frialdad de la nada para comprar un palacio en Long Island Sound.
—De cualquier modo, él da fiestas grandes —dijo Jordan, cambiando de tema con un desdén urbano por lo concreto—. Y a mí me gustan las fiestas grandes. Son muy íntimas. En las fiestas pequeñas no hay nada de privacidad.
Sonó el estruendo de un bombo y la voz del director de la orquesta resonó de repente por encima