ella se quedó perfectamente quieta, escuchando, en un sillón grande.
Iba vestida para jugar al golf, y recuerdo haber pensado que parecía una buena ilustración, con la barbilla levantada un poco airosamente, el cabello del color de una hoja de otoño, y el rostro del mismo tinte moreno que el guante sin dedos sobre su rodilla.
Cuando hube terminado, me dijo sin comentarios que estaba prometida con otro hombre. Lo dudaba, aunque había varios con los que podría haberse casado con un simple asentimiento, pero fingí sorpresa.
Durante apenas un minuto me pregunté si no estaría cometiendo un error, luego lo volví a pensar todo rápidamente y me levanté para despedirme.
—Sin embargo, me diste calabazas —dijo Jordan de repente—. Me diste calabazas