señor Chrystie), y Edgar Beaver, cuyo pelo, según dicen, se volvió blanco como el algodón una tarde de invierno sin ninguna buena razón en absoluto.
Clarence Endive era de East Egg, según recuerdo. Vino una sola vez, con bombachos blancos, y se peleó en el jardín con un vagabundo llamado Etty.
De más allá, en la isla, venían los Cheadle y los O. R. P. Schraeder, y los Stonewall Jackson Abrams de Georgia, y los Fishguard y los Ripley Snell.
Snell estuvo allí tres días antes de ir a la penitenciaría, tan borracho sobre la entrada de grava que el automóvil de la señora de Ulysses Swett le pasó por encima de la mano derecha.
Vinieron también los Dancy, y S. B. Whitebait, que tenía bastante más de sesenta años, y Maurice A. Flink, y los Hammerhead, y Beluga, el importador de tabaco, y las chicas de Beluga.
Desde West Egg venían los Poles y los Mulready y Cecil Roebuck y Cecil Schoen y Gulick, el senador estatal, y Newton Orchid, que controlaba Films Par Excellence, y Eckhaust y Clyde Cohen y Don S. Schwartz (el hijo) y Arthur McCarty, todos vinculados al cine de una manera u otra. Y los Catlip y los Bemberg y G. Earl Muldoon, hermano de aquel Muldoon que más tarde estranguló a su esposa. Da Fontano, el promotor, iba por allí, y Ed Legros y James B. («Tripas-Secas») Ferret y los De Jong y Ernest Lilly—venían a jugar, y cuando Ferret deambulaba por el jardín significaba que lo