Regresan
Un complicado juego se había estado desarrollando ladera arriba y ladera abajo durante toda la tarde. Qué era y exactamente cómo se habían alineado los jugadores, a Lucy le costó descubrirlo.
- El señor Eager les había salido al paso con mirada inquisitiva.
- Charlotte lo había rechazado con abundante cháchara.
- Al señor Emerson, que buscaba a su hijo, se le indicó por dónde encontrarlo.
- Al señor Beebe, que presentaba el aspecto acalorado de un neutral, se le ordenó reunir a las facciones para el regreso a casa.
Había una sensación general de tanteo y desconcierto.
Pan había estado entre ellos —no el gran dios Pan, que lleva enterrado dos mil años, sino el pequeño dios Pan, que preside los contratiempos sociales y las excursiones fracasadas.
El señor Beebe había perdido a todo el mundo y se había tragado en solitario la cesta de té que había llevado como una grata sorpresa. La señorita Lavish había perdido a la señorita Bartlett. Lucy había perdido al señor Eager. El señor Emerson había perdido a George. La señorita Bartlett había perdido un cuadrado de impermeable. Faetón había perdido el juego.
Ese último dato era indiscutible. Se subió al cajón tiritando, con el cuello levantado, profetizando la inminente llegada de mal tiempo.
«Vámonos inmediatamente —les dijo—. El signorino irá a pie».