Cómo Lucy afrontó la situación externa con valentía
Por supuesto, la señorita Bartlett aceptó. Y, con la misma naturalidad, estaba segura de que resultaría una molestia y suplicó que le dieran una habitación sobrante de categoría inferior —alguna sin vistas, cualquiera—. Muchos recuerdos para Lucy. Y, también con la misma naturalidad, George Emerson podría venir a jugar al tenis el domingo de la semana próxima.
Lucy afrontó la situación con valentía, aunque, como la mayoría de nosotros, solo afrontó la situación que la envolvía. Jamás miró hacia su interior. Si en ocasiones surgían imágenes extrañas de las profundidades, las achacaba a los nervios. Cuando Cecil llevó a los Emerson a Summer Street, eso le había alterado los nervios. Charlotte sacaría a relucir tonterías del pasado, y eso podría alterarle los nervios. Estaba nerviosa por la noche. Cuando habló con George —se reencontraron casi de inmediato en la Rectoría—, su voz la conmovió profundamente y deseó permanecer cerca de él. ¡Qué terrible si de verdad deseaba permanecer cerca de él! Por supuesto, el deseo se debía a los nervios, a los que les encanta jugarnos esas pasadas de rosca. Hubo un tiempo en que sufría por «cosas que surgían de la nada y cuyo significado ella ignoraba». Ahora Cecil le había explicado la psicoterapia