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nydus/A Room With a ViewPublic
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XIX. Lying to Mr. Emerson

Mentándole a Mr. Emerson

Las señoritas Alan fueron halladas en su querido hotel de la templanza, cerca de Bloomsbury⁠: un establecimiento limpio y sin ventilación muy frecuentado por la Inglaterra provinciana. Siempre se instalaban allí antes de cruzar los grandes mares y, durante una semana o dos, ajetreaban con suavidad entre ropa, guías de viaje, cuadrados de mackintosh, pan digestivo y otros enseres necesarios para el Continente. Que hubiera tiendas en el extranjero, ni que fuera en Atenas, jamás se les pasó por la cabeza, pues consideraban que viajar era una especie de guerra, que solo debían emprender aquellos que estuvieran plenamente armados en los grandes almacenes Haymarket. Confiaban en que la señorita Honeychurch se encargaría de equiparse debidamente. La quinina ya se podía conseguir en comprimidos; el jabón de papel era de gran ayuda para refrescarse la cara en el tren. Lucy prometió, un poco deprimida.

—Pero, desde luego, usted ya sabe todo sobre estas cosas, y cuenta con el señor Vyse para ayudarla. Un caballero es un gran apoyo.

La señora Honeychurch, que había venido a la ciudad con su hija, comenzó a tamborilear nerviosamente sobre su tarjetero.

—Nos parece muy noble de parte del señor Vyse que prescinda de usted —continuó la señorita Catharine—. No todos los jóvenes serían tan desprendidos. Pero tal vez salga a reunirse con ustedes más tarde.

—¿O es que su trabajo lo retiene en Londres? —dijo la señorita Teresa, la más aguda y menos amable de las dos hermanas.

“Sin embargo, lo veremos cuando te despida. Tengo tantas ganas de verlo”.

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