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nydus/A Room With a ViewPublic
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VIII. Medieval

Un compromiso es algo tan potente que tarde o temprano reduce a todos los que hablan de él a este estado de alegre asombro. Fuera de él, en la soledad de sus habitaciones, el señor Beebe, e incluso Freddy, podrían volver a ser críticos. Pero en su presencia y en la presencia del otro se mostraban sinceramente hilarantes. Posee un poder extraño, pues obliga no solo a los labios, sino al corazón mismo. El principal paralelo —para comparar una gran cosa con otra— es el poder que ejerce sobre nosotros el templo de algún credo ajeno. Estando fuera, lo dercluimos o nos oponemos a él, o a lo sumo sentimos sentimentalismo. Dentro, aunque los santos y los dioses no sean los nuestros, nos convertimos en verdaderos creyentes, por si acaso hubiera algún verdadero creyente presente.

Así fue como, tras las dudas y los titubeos de la tarde, se repusieron y se instalaron en una merienda de lo más agradable.

Si eran unos hipócritas, no lo sabían, y su hipocresía tenía todas las posibilidades de consolidarse y volverse verdad.

Anne, que depositaba cada plato como si fuera un regalo de bodas, los animó enormemente. No podían quedarse atrás ante aquella sonrisa que les dedicaba antes de dar una patada a la puerta del salón.

  • El señor Beebe trinaba.
  • Freddy demostró su mayor ingenio al referirse a Cecil como el «Fiasco», un juego de palabras muy celebrado en la familia para referirse al fiancé.
  • La señora Honeychurch, divertida y corpulenta, prometía como suegra.

En cuanto a Lucy y Cecil, para quienes se había edificado el templo, también se sumaron al alegre ritual, pero aguardaban, como mandan los devotos fervorosos, la revelación de un sagrario de dicha más puro.

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