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nydus/A Room With a ViewPublic
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III. Música, violetas y la letra S

decir que perdí los estribos y me eché a reír; fue tan repentino. Como Teresa dijo con razón, no era para reírse. Pero el caso es que a la señorita Lavish le atrajo positivamente que mencionara la S., y dijo que le gustaba hablar sin rodeos y conocer diferentes corrientes de pensamiento. Pensaba que eran viajantes de comercio —drummers fue la palabra que usó—, y durante toda la cena intentó demostrar que Inglaterra, nuestra grande y amada patria, no se apoya en nada más que en el comercio.

Teresa estaba muy irritada y se levantó de la mesa antes del queso, diciendo al hacerlo: «Ahí tiene, señorita Lavish, a alguien que puede refutarla mejor que yo», y señaló aquel hermoso cuadro de lord Tennyson.

Luego, la señorita Lavish dijo: «¡Pamplinas! Los primeros victorianos». ¡Imagínense! «¡Pamplinas! Los primeros victorianos».

Mi hermana se había ido y me sentí en la obligación de hablar. Dije: «Señorita Lavish, yo soy una primera victoriana; o, al menos, por decirlo así, no permitiré que se pronuncie la menor censura contra nuestra querida Reina». Fue horrible hablar así. Le recordé cómo la Reina había ido a Irlanda cuando no quería ir, y debo decir que se quedó de una pieza y no respondió nada.

Pero, por desgracia, el señor Emerson oyó esta parte y exclamó con su voz ronca: «¡Exacto, exacto! Honro a la mujer por su visita a Irlanda».

¡La mujer! Explico las cosas tan mal; pero ya ven en qué enredo nos habíamos metido a estas alturas, todo por haber mencionado a S. en primer lugar.

Pero eso no fue todo. Después de cenar, la señorita Lavish se acercó y dijo: > «Señorita Alan, voy a ir al salón de fumadores a hablar con esos dos hombres tan simpáticos. Venga usted

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