también». Huelga decir que rechacé una invitación tan impropia, y ella tuvo la impertinencia de decirme que eso ampliaría mis horizontes, y afirmó que tenía cuatro hermanos, todos universitarios, excepto uno que estaba en el ejército, que siempre se empeñaban en hablar con los viajantes de
—Déjame terminar la historia —dijo el señor Beebe, que había regresado.
—La señorita Lavish lo intentó con la señorita Pole, conmigo, con todo el mundo, y al fin dijo: «Iré sola». Se fue. Al cabo de cinco minutos regresó discretamente con un tablero de bayeta verde y se puso a jugar al solitario.
—¿Qué ha pasado? —gritó Lucy.
“Nadie lo sabe. Nadie lo sabrá jamás. La señorita Lavish jamás se atreverá a decirlo, y el señor Emerson no cree que valga la pena decirlo.”
“Mr. Beebe—el viejo señor Emerson, ¿es agradable o no es agradable? Tengo muchísimas ganas