CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/A Room With a ViewPublic
Página 178 de 309
Table of Contents

XI. En el bien amueblado apartamento de la señora Vyse

Ella y su secreto se quedaron diez días más en la Metrópoli desierta, visitando los lugares que más tarde habrían de conocer tan bien.

No le hacía ningún mal, pensaba Cecil, aprender el entramado de la sociedad, mientras la sociedad misma estaba ausente en los campos de golf o en los brezales. El tiempo era fresco y no le hacía ningún mal.

A pesar de la época, la señora Vyse se las arregló para juntar una cena compuesta en su totalidad por nietos de personas famosas. La comida fue mediocre, pero la charla poseía un cansancio ingenioso que impresionó a la muchacha.

Uno estaba harto de todo, al parecer. Uno se lanzaba a los entusiasmos solo para venirse abajo con elegancia y levantarse en medio de risas comprensivas. En esta atmósfera, la Pensión Bertolini y Windy Corner parecían igualmente burdas, y Lucy comprendió que su carrera en Londres la distanciaría un poco de todo lo que había amado en el pasado.

Los nietos le pidieron que tocara el piano.

Ella tocó a Schumann.

“Ahora algo de Beethoven”, exclamó Cecil, cuando la quejumbrosa belleza de la música se hubo apagado.

Ella negó con la cabeza y volvió a tocar a Schumann. La melodía se elevó, infructuosamente mágica. Se quebró; se reanudó quebrada, sin marchar jamás de la cuna a la tumba. La tristeza de lo incompleto —la tristeza que a menudo es la Vida, pero que nunca debiera ser el Arte— latía en sus frases disyuntas y hacía latir los nervios del auditorio.

No de ese modo había tocado en el pequeño piano cubierto de paños de la pensión Bertolini, y “Demasiado Schumann” no fue el comentario que el señor Beebe se había hecho a sí mismo cuando ella regresó.

178