Posibilidades de una excursión placentera
Era un dicho familiar que «nunca se sabía por dónde iba a salir Charlotte Bartlett».
Fue muy amable y sensata respecto al percance de Lucy, consideró que la versión resumida era más que suficiente y elogió debidamente la gentileza del señor George Emerson.
Ella y la señorita Lavish también habían tenido una aventura. Las habían detenido en el Dazio al regresar, y los jóvenes funcionarios de allí, que parecían insolentes y désoeuvrés, habían intentado registrar sus bolsos en busca de provisiones. Podría haber sido desagradabilísimo. Afortunadamente, la señorita Lavish sabía cómo vérselas con cualquiera.
Para bien o para mal, Lucy se quedó sola para afrontar su problema.
Ninguno de sus amigos la había visto, ni en la Piazza ni, más tarde, junto al terraplén. El señor Beebe, en efecto, al notar su mirada sobresaltada a la hora de cenar, volvió a repetir para sus adentros el comentario de «Demasiado Beethoven». Pero solo supuso que ella estaba dispuesta a una aventura, no que la hubiera encontrado.
Esta soledad la oprimía; estaba acostumbrada a que sus pensamientos fueran confirmados por otros o, en todo caso, contradichos; era demasiado espantoso no saber si estaba pensando bien o mal.
A la mañana siguiente, en el desayuno, tomó una medida decisiva. Había dos planes entre los cuales tenía que elegir.