Cash dice: «Un tipo prudente podría cruzar aquello por encima de los tablones y los troncos».
—Pero tú no puedes cargar con nada —digo—. Es probable que para cuando pongas el pie en esa porquería, también se vaya todo al diablo. ¿Qué opinas, Darl?
Me está mirando. No dice nada; solo me mira con esos ojos raros suyos que hacen que la gente hable. Siempre digo que nunca ha sido tanto lo que hizo o dijo ni nada de eso como la manera en que te mira. Es como si se te hubiera metido muy adentro, de algún modo. Como si de alguna manera te estuvieras mirando a ti mismo y a tus acciones a través de los ojos de él.
Entonces puedo sentir que esa muchacha me está vigilando como si yo hubiera intentado tocarla. Le dice algo a Anse.
«… el señor Whitfield…» dice ella.
—Le doy mi palabra prometida en presencia del Señor —dice Anse—. Supongo que no hay por qué preocuparse.
Pero aún así no pone en marcha a las mulas. Nos quedamos sentados allí sobre el agua. Otro tronco emerge flotando por encima del atasco y continúa; lo vemos detenerse y girar lentamente durante un minuto donde solía estar el vado. Luego continúa.
—Puede que empiece a ne('/', 'ca')r esta noche —digo—. Podrías quedarte un día más.
Entonces Jewel se pone de lado sobre el caballo. No se ha movido hasta ese momento, y se vuelve y me mira. Su cara está como verde, luego se pone roja y otra vez verde. > «Lárgate al infierno a seguir arando de una puta vez —dice—. ¿Qué demonios te ha pedido que nos sigas