Fue Él en Su infinita sabiduría quien retuvo el relato de sus labios moribundos mientras yacía rodeada por aquellos que la amaban y confiaban en ella; mío fue el trance por el agua que soporté con la fuerza de Su mano. Alabanza a Ti en Tu amor generoso y omnipotente; oh, alabanza.
Entré en la casa del duelo, la humilde morada donde yacía otro mortal descarriado mientras su alma se enfrentaba al terrible e irrevocable juicio; paz a sus cenizas.
—La gracia de Dios sobre esta casa —dije.