Pero es mejor construir un gallinero bien hecho que un palacio de justicia chapucero, y cuando ambos hacen una chapucería o construyen bien, el que sea lo uno o lo otro no va a hacer que un hombre se sienta ni mejor ni peor.
Así que subimos por la calle, hacia la plaza, y él dijo: «Será mejor que llevemos a Cash al médico primero. Podemos dejarlo allí y volver por él».
Eso es todo. Es porque él y yo nacimos casi al mismo tiempo, y pasaron casi diez años antes de que Jewel y Dewey Dell y Vardaman empezaran a llegar.
Siento parentesco con ellos, claro que sí, pero no sé. Y siendo yo el mayor, y pensando ya en lo mismito que él hizo: no sé.
Papá me miraba a mí, luego a él, moviendo los labios sin decir nada.
—Sigue —dije—. Lo terminaremos primero.
—Ella querría que estuviéramos todos allí —dice papá.
—Llevemos primero a Cash al médico —dijo Darl—. Ella esperará. Ya ha esperado nueve días.
—Ustedes no saben —dice papá—.
—La persona con la que fuiste joven y envejeciste en ella y ella envejeció en ti, viendo venir la vejez y era la única persona a la que podías oír decir que no importa y saber que era la verdad sacada del mundo duro y de todas las penas y pruebas de un hombre. Ustedes no saben.
—También tenemos que cavar —dije.
—Armstid y Gillespie te dijeron que avisaras con tiempo —dijo Darl—. ¿Ya no quieres ir a lo de Peabody, Cash?