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nydus/As I Lay DyingPublic
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Addie

A veces me acostaba junto a él en la oscuridad, escuchando la tierra que ahora era de mi sangre y de mi carne, y pensaba: Anse. Por qué Anse. Por qué eres Anse. Pensaba en su nombre hasta que al cabo de un rato podía ver la palabra como una forma, un recipiente, y lo veía licuarse y fluir hacia su interior como melaza fría que fluye desde la oscuridad hacia el recipiente, hasta que el tarro quedaba lleno e inmóvil: una forma significativa profundamente carente de vida como el marco de una puerta vacía; y entonces descubría que había olvidado el nombre del tarro. Pensaba: La forma de mi cuerpo donde solía ser virgen tiene la forma de un y no podía pensar Anse, no podía recordar Anse. No era que pudiera pensar en mí misma como ya no no-virgen, porque ahora tenía tres. Y cuando pensaba en Cash y en Darl de ese modo hasta que sus nombres morían y se solidificaban en una forma y luego se desvanecían, yo decía: Está bien. No importa. No importa cómo los llamen.

Y así, cuando Cora Tull me decía que yo no era una verdadera madre, pensaba en cómo las palabras se van derecho hacia arriba en una línea delgada, rápida e inofensiva, y en cómo el hacer avanza terrible por la tierra, aferrándose a ella, de modo que al cabo de un tiempo las dos líneas están demasiado separadas para que una misma persona pueda dar la zancada de la una a la otra; y en que el pecado y el amor y el miedo no son más que sonidos que la gente que jamás pecó ni amó ni tuvo miedo tiene para lo que nunca tuvieron y no pueden tener hasta que se olviden de las palabras.

Como Cora, que ni siquiera sabía cocinar.

Ella me decía lo que le debía a mis hijos y a Anse y a Dios. Le di los hijos a Anse. Yo no los pedí. Ni siquiera le pedí lo que él me habría podido dar: el no-Anse.

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