durante el invierno y la primavera y el verano, y si tan solo me quedaba con él, yo también estaría
Cuando volví la vista hacia mi mula era como si fuera uno de esos anteojos de larga vista y pudiera mirarla ahí plantada y ver toda la vasta tierra y mi casa sudada de ella como si cuanto más sudor, más vasta la tierra; cuanto más sudor, más apretada la casa porque haría falta una casa apretada para Cora, para contener a Cora como una jarra de leche en el manantial: hay que tener una jarra apretada o hará falta un manantial poderoso, así que si tienes un manantial grande, pues entonces tienes el incentivo de tener jarras apretadas y bien hechas, porque es tu leche, se agrie o no, porque preferirías tener leche que se agrie a tener leche que no se agrie, porque eres un hombre.
Y él agarrado a mi mano, su mano tan caliente y segura, que estuve a punto de decirle: Mira una cosa. ¿No ves esa mula de allá? Nunca se le perdió nada por estos lares, así que no vino, no siendo más que una mula.
Porque de vez en cuando uno puede ver que los niños tienen más sentido que uno. Pero a uno no le gusta admitírselo hasta que les sale barba.
Una vez que tienen barba, están demasiado ocupados porque no saben si lograrán volver jamás al estado de sensatez que tenían antes de tener pelo, de modo que a uno ya no le importa entonces admitírselo a gente que se preocupa por la misma cosa que no vale la pena por la que te preocupas tú mismo.
Luego cruzamos y nos quedamos allí, mirando a Cash dar la vuelta al carro. Los vimos regresar por el camino hasta donde el sendero se desviaba hacia el fondo. Al poco rato el carro desapareció de la vista.
—Más nos vale bajar al vado y prepararnos para ayudar —dije.
—Le doy mi palabra —dice Anse—. Es sagrada para mí. Sé que te pesa, pero ella te bendecirá en el cielo.