Él sigue su camino, desvaneciéndose lentamente en la colina. La cresta, los árboles, el tejado de la casa se recortan contra el cielo. La vaca me busca con el hocico, gimiendo. —Te va a tocar esperar. Lo que llevas dentro no es nada comparado con lo que yo llevo dentro, aunque tú también seas mujer. Ella me sigue, gimiendo. Entonces el aire muerto, caliente y pálido vuelve a soplarme en la cara. Él podría arreglarlo todo, si tan solo quisiera. Y ni siquiera lo sabe. Podría resolverme la vida si tan solo lo supiera. La vaca resuella sobre mis caderas y mi espalda, con un aliento cálido, dulce, estertoroso, gimiendo. El cielo se extiende aplanado sobre la cuesta, encima de los matorrales ocultos. Más allá de la colina, relámpagos de calor tiñen el cielo hacia arriba y se desvanecen. El aire muerto modela la tierra muerta en la oscuridad muerta, más allá de donde la vista alcanza a modelar la tierra muerta. Yace muerta y cálida sobre mí, rozándome desnuda a través de la ropa. Yo dije No sabes lo que es la preocupación. No sé lo que es. No sé si estoy preocupada o no. Si puedo estarlo o no. No sé si puedo llorar o no. No sé si lo he intentado o no. Me siento como una semilla mojada, salvaje en la tierra caliente y ciega.
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Dewey Dell
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