de la mojadura, supongo. De todos modos no fue hasta bien avanzado el día cuando los vi. Por suerte la brisa soplaba en dirección contraria a la casa, así que no fue hasta bien entrada la mañana. Pero tan pronto como los vi fue como si pudiera olerlo en el campo a una milla de distancia con solo verlos, y ellos dando vueltas y vueltas para que todo el mundo en el condado viera lo que había en mi granero.
Aún me faltaba una buena media milla para llegar a la casa cuando oí a ese muchacho gritando. Pensé que a lo mejor se había caído al pozo o algo así, así que arreé al caballo y entré al corral al trote.
Debía de haber una docena de ellos alineados en el caballete del tejado del granero, y aquel muchacho iba persiguiendo a otro por el corral como si