“Dewey Dell.”
“Si ahora no es Navidad, ¿cómo será allí?”
Da vueltas y vueltas sobre la vía brillante.
Luego la vía da vueltas y vueltas, brillante.
—¿Qué habrá allí?
“Ese tren. En la ventana”.
“Tú vete a dormir. Ya verás mañana si es que sigue ahí”.
Tal vez Santa Claus no sepa que son niños de la ciudad.
“Dewey Dell.”
–Vete a dormir. No va a dejar que ninguno de esos muchachos del pueblo se quede con eso.
Estaba detrás de la ventana, roja sobre la vía, y la vía brillando una y otra vez. Me hacía doler el corazón.
Y entonces eran papá y Jewel y Darl y el muchacho del señor Gillespie. Al muchacho del señor Gillespie se le bajan las piernas por debajo del camisón. Cuando entra en la luna, sus piernas se difuminan. Siguen bordeando la casa hacia el manzano.
—¿Qué van a hacer, Dewey Dell?
Rodearon la casa hacia el manzano.
—Puedo olerla —digo—. ¿Tú también puedes olerla?
—Silencio —dice Dewey Dell—. El viento ha cambiado. Duérmete.
Y así pronto voy a saber dónde se quedan por la noche.