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nydus/As I Lay DyingPublic
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Darl

sonido de los golpes estrepitosos absorbido por el rugido de las llamas. Suenan como un tren interminable cruzando un viaducto sin fin. Gillespie y Mack pasan junto a mí, en camisón hasta las rodillas, gritando; sus voces son agudas, altas y carentes de sentido, y al mismo tiempo profundamente salvajes y tristes: «... vaca... establo...» El camisón de Gillespie se precipita delante de él arrastrado por la corriente de aire, inflándose alrededor de sus muslos velludos.

La puerta del establo se ha cerrado de golpe. Jewel la empuja hacia atrás con las nalgas y aparece, con la espalda arqueada, los músculos marcados a través de la ropa mientras saca al caballo tirando de la cabeza.

A plena luz sus ojos rotan con un fuego opalino suave, veloz y salvaje; los músculos se contraen y se ondulan mientras sacude la cabeza, levantando a Jewel del suelo. Él sigue tirando, lentamente, de manera terrible; otra vez me lanza por encima del hombro una sola mirada furiosa y breve.

Aun cuando están fuera del establo el caballo sigue luchando y tirando patadas hacia atrás, hacia la puerta, hasta que Gillespie pasa junto a mí, completamente desnudo, con su camisón envuelto en la cabeza de la mula, y a golpes saca al caballo enloquecido por la puerta.

Jewel regresa, corriendo; vuelve a mirar hacia el ataúd. Pero sigue adelante. «¿Dónde está la vaca?», grita, pasándome de largo.

Lo sigo. En el establo, Mack forcejea con la otra mula. Cuando la cabeza gira hacia la luz deslumbrante, puedo ver también el desbocado rodar de su ojo, pero no emite ningún sonido. Se queda allí plantada, mirando a Mack por encima del hombro, balanceando los cuartos traseros hacia él cada vez que se acerca.

Nos mira, sus ojos y su boca son tres agujeros redondos en una cara donde las pecas parecen guisantes ingleses en un plato. Su voz es delgada, aguda, lejana.

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