no tenían ningún tributo fijado para pagar, sino que llevaban presentes, a saber: los etíopes que lindan con Egipto, a quienes Cambises sometería en su marcha contra los etíopes makrobios; los que habitan en torno a Nisa, llamada «sagrada», y que celebran las fiestas en honor de Dioniso; estos etíopes y los que habitan cerca de ellos tienen simiente semejante a la de los indios calantios y poseen viviendas subterráneas. Estos, todos juntos, traían cada dos años, y siguen trayendo aun en mis propios días, dos medidas de áridos de oro sin fundir, doscientos bloques de ébano, cinco muchachos etíopes y veinte colmillos grandes de elefante. Los cólquidas también se habían situado entre los que llevaban presentes, y con ellos los que lindan con ellos extendiéndose hasta la cordillera del Cáucaso (pues el dominio persa se extiende hasta estas montañas, mas los que habitan en las regiones más allá del Cáucaso hacia el Viento del Norte ya no toman en cuenta a los persas); estos, digo, continuaban llevando los presentes que ellos mismos se habían fijado cada cuatro años incluso hasta mis propios días, a saber: cien muchachos y cien doncellas. Por último, los árabes traían cada año mil talentos de incienso. Tales eran los presentes que estos llevaban al rey, además del
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Libro III. Talia
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