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Libro I. Clío

Alea. 67. ¡En la guerra anterior, pues, digo que lucharon contra los tegeates continuamente con mal éxito; mas en tiempos de Creso y bajo el reinado de Anaxándrides y Aristón en Lacedemonia, los espartanos al fin se habían vuelto vencedores en la guerra; y lo lograron de la siguiente manera: Como seguían siendo siempre derrotados en la guerra por los hombres de Tegea, enviaron mensajeros a consultar el oráculo de Delfos y preguntaron a qué dios debían propiciar para ganarle la partida a los tegeates en la guerra; y la pitia les respondió que debían traer a su tierra los huesos de Orestes, el hijo de Agamenón. Entonces, como no eran capaces de encontrar la tumba de Orestes, enviaron hombres de nuevo para acudir al dios e inquirir sobre el lugar donde Orestes estaba sepultado; y cuando los mensajeros que fueron enviados preguntaron esto, la profetisa dijo lo siguiente:

“Tegea hay, en arcadia tierra, en llano paraje fundada; do soplan dos soplos con fuerza engranados unidos; golpe también hay y golpe a su vez, y pena tras pena. Allí el hijo de Agamenón en la dadora de vida tierra reposa; a él si le traes contigo a casa, de Tegea serás el señor.”

Cuando los lacedemonios oyeron esto, no por ello estuvieron más cerca de descubrirlo, aunque registraron todos los lugares; hasta el momento en que Licas, uno de aquellos espartanos a quienes llaman «bienhechores», lo descubrió.

Ahora bien, los «bienhechores» son los ciudadanos de más edad que salen de las filas de los «jinetes», a razón de cinco cada año; y estos están obligados durante aquel año en que dejan atrás a los «jinetes», a dejarse enviar sin descanso a varios lugares por el Estado espartano.

  1. Licas, pues, siendo uno de estos, lo descubrió en Tegea por medio de la fortuna y de la habilidad. Pues como por entonces había tratos bajo tregua con los hombres de Tegea, había acudido a una forja allí y estaba mirando cómo se trabajaba
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