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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

por entero en libros tomados a préstamo en bibliotecas públicas, leídos por la noche después de la faena diaria, por consejo de conocidos autores consultados por carta.

En cuanto a las otras experiencias, esas solitarias por las que uno pasa a solas, en su dormitorio, en la oficina, caminando por los campos y las calles de Londres, él las había tenido; se había ido de casa, siendo apenas un muchacho, a causa de su madre; ella mentía; porque había bajado a tomar el té por quincuagésima vez con las manos sin lavar; porque no veía ningún futuro para un poeta en Stroud; y así, haciéndole una confidencia a su hermanita, se había marchado a Londres dejando atrás una nota absurda, de esas que los grandes hombres han escrito y el mundo ha leído más tarde, cuando la historia de sus luchas se ha vuelto famosa.

Londres se ha tragado a muchos millones de jóvenes llamados Smith; no le ha importado lo más mínimo que sus padres les pusieran nombres de pila estrambóticos como Septimus para distinguirlos. Alojado cerca de Euston Road, había tenido experiencias y más experiencias, de esas que en dos años le cambian a uno el rostro, de óvalo rosado e inocente, a una cara enjuta, contraída, hostil. Pero de todo esto, ¿qué habría podido decir el más observador de sus amigos sino lo que dice un jardinero cuando abre la puerta del invernadero por la mañana y descubre una nueva flor en su planta?:⁠—Ha florecido; ha florecido por vanidad, ambición, idealismo, pasión, soledad, coraje, pereza, las semillas de siempre, que mezcladas unas con otras (en una habitación cerca de Euston Road), lo volvieron tímido y tartamudo, lo hicieron desear superarse, lo hicieron enamorarse de la señorita Isabel Pole, que daba conferencias sobre Shakespeare en Waterloo Road.

¿No era acaso como Keats?,

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