rosadas baratas, media docena, y luego se echaba un chal sobre su viejo vestido negro.
Pues su invitación para la fiesta de Clarissa había llegado a última hora. No estaba muy contenta con ello. Tenía una especie de corazonada de que Clarissa no había querido invitarla este año.
¿Por qué habría de hacerlo? En realidad no había ninguna razón, salvo que se conocían de toda la vida. De hecho, eran primas. Pero claro, se habían ido distanciando bastante, ya que Clarissa era muy solicitada. Para ella, ir a una fiesta era todo un acontecimiento. Era un auténtico placer tan solo ver los vestidos tan bonitos. ¿No era aquella Elizabeth, ya crecida, con el cabello peinado a la moda, con el vestido rosa? Sin embargo, no podía tener más de diecisiete años. Era muy, muy guapa. Pero las muchachas, cuando salían a la sociedad por primera vez, ya no parecían llevar blanco como