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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

a las once de la mañana del día en que iba a dar una fiesta), al oír un paso en la escalera. Oyó una mano sobre la puerta. Hizo ademán de ocultar su vestido, como una virgen protegiendo su castidad, respetando la intimidad. Ahora el pomo de latón resbaló. Ahora se abrió la puerta, y entró... ¡por un solo segundo no pudo recordar cómo se llamaba! ¡Tanta era su sorpresa al verlo, tanta su alegría, su timidez, su absoluta estupefacción al ver que Peter Walsh se le presentaba inesperadamente por la mañana! (No había leído su carta.)

—¿Y tú cómo estás? —dijo Peter Walsh, temblando literalmente; tomándole las dos manos; besándole las dos manos. Ha envejecido, pensó él, sentándose. No voy a contarle nada de eso, pensó, porque ha envejecido. Me está mirando, pensó, sintiendo que le invadía una repentina vergüenza, a pesar de haberle besado las manos. Metiendo la mano en

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