seguridad. Bastante ridículo, pero aun así ahí está, pensó. Y los médicos y hombres de negocios y mujeres capaces, todos ocupados en sus asuntos, puntuales, alerta, robustos, le parecían del todo admirables, buenos tipos a quienes uno confiaría su vida, compañeros en el arte de vivir, que lo sacarían a uno adelante. Entre una cosa y otra, el espectáculo era en verdad muy tolerable; y se sentaría a la sombra a fumar.
Ahí estaba Regent’s Park. Sí. De niño había paseado por Regent’s Park —qué curioso, pensó, cómo el recuerdo de la infancia sigue volviendo a mí—, resultado de haber visto a Clarissa, tal vez; porque las mujeres viven mucho más en el pasado que nosotros, pensó. Se apegan a los lugares; y a sus padres —una mujer siempre está orgullosa de su padre. Bourton era un lugar bonito, un lugar muy bonito, pero yo nunca pude congeniar con el viejo, pensó. Hubo una escena tremenda una noche— una discusión sobre algo o lo que fuera, qué, no lo recordaba. Política presumiblemente.
Yes, he remembered Regent’s Park; the long straight walk; the little house where one bought air-balls to the left; an absurd statue with an inscription somewhere or other. He looked for an empty seat. He did not want to be bothered (feeling a little drowsy as he did) by people asking him the time. An elderly grey nurse, with a baby asleep in its perambulator—that was the best he could do for himself; sit down at the far end of the seat by that nurse.
Es una muchacha de aspecto extraño, pensó, recordando de pronto a Elizabeth tal como había entrado en la habitación y se había detenido junto a su madre. Había crecido; toda una mujercita, no precisamente bonita; más bien hermosa; y no debía de tener más de dieciocho años.