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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

por la niñera que dejó el tejido, y el hombre de aspecto amable le dio su reloj para que lo soplara y se abriera para consolarla; pero ¿por qué habría de estar expuesta? ¿Por qué no dejarla en Milán? ¿Por qué torturarla? ¿Por qué?

Ligeramente agitados por las lágrimas, el ancho camino, la enfermera, el hombre de gris, el carrito de niño, subían y bajaban ante sus ojos.

Verse mecida por esta malévola torturadora era su sino. ¿Pero por qué?

Era como un pájaro refugiado bajo el hueco delgado de una hoja, que parpadea ante el sol cuando la hoja se mueve; se sobresalta ante el crujido de una ramita seca. Estaba expuesta; la rodeaban los árboles enormes, las vastas nubes de un mundo indiferente; expuesta; torturada; ¿y por qué debía sufrir? ¿Por qué?

Frunció el ceño; zapateó enérgicamente. Tenía que volver con Septimus, ya que casi era la hora de ir

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