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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

ello, un aislamiento lleno de sublimidad; una libertad que los apegados jamás podrán conocer. Holmes había ganado, por supuesto; la bestia de las fosas nasales rojas había ganado. Pero ni el propio Holmes podía tocar esta última reliquia que vagaba por el confín del mundo, este paria, que miraba hacia atrás las regiones habitadas, que yacía, como un marinero ahogado, en la orilla del mundo.

Fue en ese momento (Rezia se había ido de compras) cuando se produjo la gran revelación. Una voz habló desde detrás del biombo. Evans estaba hablando. Los muertos estaban con él.

—¡Evans, Evans! —gritó.

El señor Smith estaba hablando en voz alta solo, le gritó la criada Agnes a la señora Filmer en la cocina.

«Evans, Evans», había dicho cuando ella llevó la bandeja.

Pegó un brinco, vaya que sí. Salió zumbando escaleras abajo.

Y Rezia entró con sus flores, y cruzó la habitación, y puso las

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